Una victoria que huele a casa
El anuncio de que Juan del Val ha ganado el Premio Planeta 2025 no solo ha generado titulares, sino también cejas levantadas y sospechas acumuladas. La pregunta es sencilla, pero incómoda: ¿cuántos premios más puede otorgarse el Grupo Planeta a sí mismo antes de que el galardón pierda toda legitimidad?
Del Val, figura recurrente en los medios del grupo, ha pasado de colaborador interno a autor consagrado… por el mismo sistema que lo arropa, le da visibilidad y ahora lo premia. ¿Casualidad? ¿Talento? ¿O simple devolución de favores?
Un premio literario cada vez menos literario
El Premio Planeta lleva años tensionando la cuerda entre el prestigio cultural y el engranaje comercial. Pero en este 2025, con la entrega a Juan del Val, la cuerda no parece tensarse: se rompe.
No estamos hablando de un escritor emergente ni de una figura marginal. Estamos ante un hombre que trabaja —literalmente— en el ecosistema mediático del grupo que otorga el galardón. La sospecha, por tanto, no es extravagante: ¿es el Planeta un escaparate de excelencia literaria o un circuito cerrado de recompensas internas?
¿Mordaza invisible o conformismo pragmático?
Del Val es un personaje peculiar: va de independiente, de tener “pensamiento propio”, y efectivamente parece no alinearse con partidos. Pero en El Hormiguero —programa bandera del grupo— no escatima dardos contra la izquierda, el PSOE o Pedro Sánchez.
¿Tiene derecho a opinar? Por supuesto. ¿Tiene libertad de expresión? Evidentemente. Pero una cosa es expresarse y otra muy distinta es jugar desde dentro del sistema mientras se actúa como voz crítica “externa”.
Resulta difícil no preguntarse: ¿se atrevería Del Val a ejercer la misma contundencia crítica contra quienes le pagan, le publican y ahora le premian? ¿O su “independencia” tiene límites geográficos bien marcados por los pasillos del Grupo Planeta?
Una independencia que cotiza… pero no en todas partes
Cuando alguien que cobra de una estructura de poder se proclama libre, el cinismo es inevitable. ¿Cómo se puede ser verdaderamente libre en un entorno donde todos los incentivos —económicos, reputacionales y simbólicos— dependen de no incomodar al jefe?
La paradoja no es nueva: muchos opinadores viven de criticar selectivamente lo criticable. La valentía parcial no es valentía, es cálculo. Y cuando ese cálculo se ve premiado, el lector empieza a entender que lo que se presenta como libertad no es más que estrategia.
El lector ya no es ingenuo
Internet ha cambiado algo fundamental: la ingenuidad ha muerto. El lector crítico, informado y despierto ya no traga con cuentos de hadas editoriales. La pregunta que flota en el aire no es si Juan del Val escribe bien o mal, sino si habría ganado este premio trabajando para otro grupo editorial.
La percepción importa. Y hoy, la percepción general es que el Premio Planeta se ha convertido en un escaparate más de sus propias franquicias culturales. Si los premiados pertenecen sistemáticamente a la misma casa, ¿cómo pedir al público que crea en la transparencia del proceso?
De premio literario a producto promocional
Un galardón que debería representar el reconocimiento al talento literario ha terminado convirtiéndose en una operación de marketing interno. El Planeta, como marca, necesita ruido, titulares, polémicas suaves… y nombres reconocibles.
¿Qué mejor manera de garantizar eso que premiar a uno de los tuyos? Se controla el mensaje, se controla la narrativa, se controla la agenda. Pero al hacerlo, se dinamita el valor simbólico del premio.
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Cuando el premio pierde valor, todos pierden
Lo más preocupante no es que Juan del Val haya ganado. Lo grave es que ya nadie se sorprende. Y cuando un premio deja de sorprender, deja también de interesar. El daño no es solo al lector, sino al resto de escritores que sí podrían merecer reconocimiento sin tener un plató propio para promocionarse.
La sospecha colectiva termina erosionando la credibilidad de todos los galardonados, pasados y futuros. Una manzana podrida no contamina solo su cesta: hace dudar de toda la frutería.
¿Hay salida para el Planeta?
Sí. Pero pasa por abrir el proceso, transparentar los criterios, diversificar el jurado y, sobre todo, salir del círculo cerrado de premiados de casa. Si no, el Planeta terminará orbitando en torno a su propia vanidad, lejos del lector, de la literatura y de la legitimidad.
¿Qué puedes hacer tú como lector?
Seguir pensando. Seguir cuestionando. Y no comprar relatos sin preguntarse antes: ¿quién los escribió, desde dónde, y por qué?





