Por qué la factura de la luz vuelve a dispararse: lo que no te están contando

Gráfico de barras con años 2022 a 2025 mostrando la subida del precio de la luz, con una factura y una bombilla encendida.

Recibo en mano, ceño fruncido. “Otra vez sube.” Ese momento incómodo, familiar, en el que abrimos el correo o la app de nuestra compañía eléctrica y nos encontramos con una cifra que no esperábamos. Otra vez más alta. Otra vez sin explicación clara. ¿Qué está pasando con la factura de la luz? ¿Y por qué parece que cada año, con más renovables y más avances, pagamos más por algo tan básico como encender la luz?

En este artículo, vamos a ir más allá del titular fácil. Vamos a entrar en el núcleo de esta subida. No con teorías conspiranoicas, pero sí con una mirada crítica y fundamentada. Porque si no entendemos el sistema, difícilmente vamos a poder exigir que cambie.


La factura sube, y no solo un poco

No es imaginación. La factura de la luz ha vuelto a subir en 2025. Lo ha hecho por múltiples factores: por el gas, por la sequía que ha reducido la producción hidráulica, por los peajes del sistema, por una demanda energética inestable… y, también, por decisiones fiscales. El IVA ha vuelto al 21 %, y con eso el Estado recauda más, pero tú pagas bastante más. En resumen: el coste de la energía se ha disparado y, aunque se nos hable de “transición ecológica”, la realidad del bolsillo no lo refleja.

Lo preocupante no es solo que suba. Es que lo haga mientras escuchamos que España es “puntera en renovables”. Que somos el país del sol y del viento. Que estamos liderando la transición energética. Pero si el sistema es más moderno, ¿por qué no se traduce en ahorro? Spoiler: porque el problema no es la energía, es cómo se fija su precio.


¿Quién pone el precio de la luz? Una explicación que nadie quiere darte

En el mercado eléctrico español —como en muchos europeos— el precio lo marca el sistema marginalista.

¿Qué significa eso?

Que la última fuente de energía que entra para cubrir la demanda, normalmente la más cara, es la que marca el precio para todas las demás. Aunque el 70 % de la electricidad provenga de renovables (que son baratas), si hace falta una central de gas para cubrir el resto, esa central marca el precio… y todas las demás se pagan al mismo valor.

Es como si entrases a una frutería, compras naranjas, manzanas y plátanos… pero el precio de todas lo marcara el aguacate, el más caro del día. Absurdo, pero así funciona.

Este modelo, heredado de los años 90, beneficia a los grandes generadores. Porque aunque produzcan con energía barata (sol o viento), cobran como si todo fuese gas. Y tú, consumidor, pagas como si vivieras en una casa rodeada de centrales térmicas, aunque tu energía venga del sol de tu tejado.


Renovables sí, pero cuando quieren

Uno de los grandes argumentos es que la expansión de las renovables abarataría el recibo. Y es cierto… en parte. Cuando hay mucho sol y viento, el precio en el mercado mayorista puede desplomarse. Pero eso no garantiza que tu factura baje.

¿Por qué no?

Porque hay otros elementos que la inflan: peajes, cargos, impuestos, costes fijos. Además, las renovables no están disponibles las 24 h del día ni los 365 días del año.

Una semana sin viento o sin lluvia basta para que la hidráulica y la eólica no cubran la demanda. Y entonces hay que tirar de gas, de carbón en algunos países vecinos, de lo que haya. Y vuelta al precio alto. La energía verde no es milagrosa si no va acompañada de una buena gestión de red, almacenamiento y planificación.


¿Y los impuestos? También ayudan a inflar la factura

En 2025, el IVA volvió al 21 % para el recibo de la luz. Tras meses con un tipo reducido, el gobierno decidió recuperar el valor original. Esa decisión, justificada por “la estabilización del mercado”, ha supuesto un incremento directo para millones de hogares.

Pero no es solo el IVA. Hay cargos por acceso, por transporte, por mantenimiento del sistema. Esos conceptos que aparecen en la factura con nombres poco claros y que, en realidad, constituyen una parte enorme del coste final.

Tú puedes consumir menos, pero si esos cargos suben, tu factura también lo hará. Aunque no pongas la lavadora ni enciendas la vitrocerámica.


¿Transición energética o negocio redondo?

Aquí viene la parte incómoda: ¿estamos haciendo una transición energética… o estamos maquillando un modelo que sigue beneficiando a los de siempre?

Porque si el objetivo era tener una energía más limpia, más sostenible y más barata, la realidad no lo confirma. Lo que sí vemos es un sector eléctrico cada vez más concentrado, donde las grandes compañías siguen liderando el mercado, invirtiendo en renovables —sí—, pero también facturando como si todo siguiera igual.

La ciudadanía ha quedado en segundo plano. No se ha promovido el autoconsumo de forma masiva. No se ha simplificado la instalación de placas solares en comunidades. No se ha reformado el sistema de fijación de precios. Solo se han anunciado “planes” y “estrategias”, pero la realidad llega en forma de recibo.


¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

No todo está perdido. Pero tampoco hay una solución mágica. Lo primero es entender cómo funciona el sistema. Porque cuando sabemos que el problema es estructural, dejamos de culparnos por “dejar la luz encendida”.

Segundo: si puedes, estudia formas de reducir tu dependencia del sistema. Autoconsumo, baterías, cooperativas energéticas. Son opciones que, aunque no están al alcance de todos, merecen ser consideradas y reclamadas.

Tercero: exige. Exige a tu ayuntamiento, a tu gobierno, a tus representantes. Que reformen el sistema eléctrico. Que promuevan la energía distribuida. Que pongan límites a la especulación con un bien esencial como la electricidad.


La luz como derecho, no como castigo

La electricidad no debería ser un lujo. Debería ser un derecho básico, gestionado con lógica y justicia. Pero mientras el mercado esté diseñado para maximizar beneficios, no para optimizar el servicio, la factura seguirá subiendo.

Quizá no podamos cambiar el sistema de un plumazo. Pero sí podemos entenderlo. Y al entenderlo, presionar para cambiarlo. Porque lo que está en juego no es solo el precio del kilovatio. Es el modelo de sociedad que estamos construyendo.


¿Y tú, qué vas a hacer con tu próxima factura?

Cuando te llegue la próxima, no te limites a pagar y resoplar. Pregúntate qué refleja. Cuestiona lo que pagas. Comenta con quienes te rodean. Compártelo. Y no pierdas de vista una verdad incómoda, pero poderosa: si pagamos sin preguntar, el sistema no tiene razones para cambiar.


Preguntas frequentes sobre la subida del precio de la electricidad


Fuentes

El País – España encabeza el alza de la luz en Europa por la subida del IVA

Banco de España – Informe sobre precios de la electricidad y fijación marginal

Wikipedia – Apagón de la Península Ibérica en 2025

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