¿Qué esconden los contratos fijos discontinuos? La letra pequeña del empleo estable

Hombre en oficina revisando un contrato con expresión de preocupación

En el papel, suena casi a victoria: contratos indefinidos para todo el mundo. Se acabó la precariedad, ¿no? Pero la realidad, como tantas veces, es más retorcida que el titular. Porque una parte creciente de ese “empleo estable” está siendo absorbido por una figura legal que, si no se vigila, puede convertirse en una auténtica trampa: el contrato fijo discontinuo.

La reforma que maquilló la temporalidad

Desde que la reforma laboral de 2022 rediseñó las reglas del juego, el fijo discontinuo ha pasado de ser un contrato residual a convertirse en protagonista. Se presenta como una forma de adaptar el trabajo a actividades estacionales o intermitentes, con la ventaja de mantener al trabajador en plantilla. En teoría, es un contrato indefinido. En la práctica, muchos no trabajan más que antes —o incluso menos— pero ahora con un título más “estable”.

Y es aquí donde empiezan los matices.


¿Qué es un contrato fijo discontinuo y cómo funciona?

Es un contrato indefinido, sí, pero no continuo. El trabajador solo presta servicios durante ciertos periodos del año, cuando la empresa lo necesita. Entre llamada y llamada, no trabaja, no cobra y, en la mayoría de los casos, tampoco cotiza. ¿El vínculo? Formalmente sigue existiendo. ¿La seguridad? Muy relativa.

Esta modalidad se utiliza en sectores como la hostelería, la agricultura, la educación complementaria o el turismo, donde la demanda fluctúa. En ese contexto tiene lógica. Pero cuando se extiende como fórmula para reducir costes y evitar contratos temporales, empieza a parecer más una artimaña que una solución estructural.


Los números: menos temporalidad… ¿realmente más empleo?

Según datos recientes del Ministerio de Trabajo, España ha reducido su tasa de temporalidad por debajo del 12 %. Pero lo que no se dice tan alto es que una buena parte de esa reducción se debe al auge de los fijos discontinuos. En abril de 2025 había más de 800.000 personas con este tipo de contrato, muchas de ellas sin actividad efectiva durante buena parte del año.

Este tipo de contratación permite que el trabajador figure como indefinido en las estadísticas sin que eso implique ingresos estables, jornada regular o continuidad real. Y lo que es más preocupante: muchos ni siquiera saben que tienen derechos como indefinidos, ni cómo reclamarlos.


Fijo discontinuo: ¿el nuevo temporal?

Desde el punto de vista de la persona contratada, las diferencias con un contrato temporal pueden ser mínimas —o incluso inexistentes:

  • Llamamiento incierto: la empresa no siempre establece cuándo volverán a llamar ni con qué condiciones.
  • Periodos sin trabajo no remunerados: entre temporada y temporada, se espera, pero no se cobra.
  • Cotización irregular: lo que afecta a la pensión futura y a la posibilidad de acceder a otras prestaciones.
  • Desconocimiento de derechos: muchos no saben que tienen derecho a vacaciones proporcionales, indemnizaciones o a ser informados de sus llamamientos por escrito.

El “indefinido low cost”

Desde el lado empresarial, la figura ofrece ventajas claras: se evitan indemnizaciones de fin de contrato, se mantiene una plantilla disponible “a demanda”, se cumple la ley tras la reforma… y todo, muchas veces, con costes laborales mínimos.

Es lo que algunos expertos ya llaman el “indefinido low cost”: contratos que cumplen la norma, pero que precarizan la experiencia laboral. Y lo hacen con una peligrosa ventaja: no se perciben como temporales, lo que desactiva parte de la protección institucional y la vigilancia social.


Casos reales: contratos sin trabajo

El caso de Marta (nombre ficticio) es ilustrativo. En 2023 firmó un contrato fijo discontinuo en una empresa de catering escolar. Solo trabajó de octubre a diciembre y no volvió a recibir llamada. En abril de 2025 aún figura como empleada activa, pero no ha vuelto a pisar la empresa ni ha cobrado un solo euro. Su empleo es, literalmente, una línea en un Excel.

Situaciones como esta se repiten en sectores enteros, generando un limbo legal donde no hay despido, pero tampoco hay trabajo. Un contrato que existe solo sobre el papel.


Lo que debería incluir un contrato fijo discontinuo bien hecho

Para que esta figura funcione como una herramienta útil y justa, debería incluir al menos:

  • Un calendario estimado de llamamientos.
  • Criterios objetivos y transparentes de reincorporación.
  • Información clara y por escrito de las condiciones del periodo activo.
  • Derecho a formación, promoción y representación sindical.
  • Seguimiento efectivo por parte de la Inspección de Trabajo.

Sin estos elementos, lo que se plantea como solución a la estacionalidad se convierte en una fuente de precariedad camuflada.


Revisa estas señales:

  • ¿Te han llamado en las fechas pactadas o cuando la empresa ha querido?
  • ¿Tu jornada o salario ha cambiado sin previo aviso?
  • ¿Has estado meses sin saber si volverías a trabajar?
  • ¿Tienes la impresión de que tu contrato es indefinido… pero sin derechos?

Si te reconoces en estos puntos, es posible que estés ante un uso abusivo de esta modalidad contractual. Y lo mejor es buscar asesoramiento legal o acudir a la Inspección de Trabajo.


Reflexión: contratos de cartón piedra en un mercado de humo

Como economista, no me resulta ajeno el argumento de la flexibilidad. El mercado laboral necesita adaptarse. Pero hay una línea que no se puede cruzar: cuando la flexibilidad se convierte en inseguridad sistémica, el contrato ya no cumple su función. Ni protege, ni dignifica, ni garantiza. Solo disimula.

Llamar “indefinido” a un vínculo sin garantías es como llamar “casa” a una fachada sin estructura: es cartón piedra. Bonito para la foto, pero hueco por dentro.


¿Qué podemos exigir como sociedad?

  1. Más transparencia en el uso del fijo discontinuo.
  2. Más inspección sobre los sectores que más abusan de esta figura.
  3. Convenios colectivos más claros que detallen condiciones mínimas de activación.
  4. Educación laboral para que las personas sepan qué derechos tienen realmente.

Porque una reforma laboral que reduce la temporalidad a costa de crear nuevas formas de precariedad no es una solución. Es un maquillaje.


¿Y tú, sabes qué tipo de contrato tienes realmente?

No te quedes solo con el nombre. Investiga, pregunta, comparte. Si trabajas como fijo discontinuo, asegúrate de que tus condiciones reflejan esa supuesta estabilidad.

¿Te ha pasado algo similar? Comparte este artículo con tus contactos. Puede que más personas descubran que también están en un “contrato de cartón piedra”.

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